El año 2025 ha sido muy favorable para los activos de riesgo y el índice S&P 500 comienza el año cerca de su máximo histórico, en un contexto de valoraciones bursátiles muy elevadas y de expectativas todavía optimistas sobre el crecimiento de los beneficios empresariales, especialmente en el sector tecnológico estadounidense.
¿Continuará el S&P 500 con su inercia alcista o entrará en una fase de toma de beneficios en enero? La respuesta dependerá de varios factores fundamentales clave, para los cuales comenzarán a surgir respuestas a lo largo del mes de enero.
Las preguntas fundamentales clave:
• ¿Está realmente controlada la inflación en EE. UU.?
(IPC el 13 de enero y PCE el 29 de enero)
• Game changer: ¿Modificará la FED su objetivo de inflación en 2026?
• ¿Está fuera de control el desempleo en EE. UU.?
(Informe NFP el viernes 9 de enero)
• ¿Bajará la FED los tipos en el primer trimestre?
(FED el 28 de enero)
• ¿Se cumplirá el crecimiento de los beneficios?
• ¿Quién será el nuevo Shadow FED Chair?
• ¿El QE técnico se transformará en un QE clásico?
El inicio bursátil de enero de 2026 se produce en un entorno cargado de interrogantes fundamentales. Tras varios años marcados por una inflación muy superior al objetivo del 2 % de la FED, una política monetaria muy restrictiva y una fuerte concentración del rendimiento bursátil en las megacapitalizaciones tecnológicas, estos desequilibrios deben corregirse para evitar una corrección significativa del mercado en la primera mitad de 2026.
Inflación: el primer pilar
El principal desafío sigue siendo la inflación estadounidense. La cuestión ya no es solo si la inflación se desacelera, sino si está controlada de forma sostenible y realmente cerca del objetivo de la FED. Las publicaciones de enero —IPC el 13 de enero y PCE el 29 de enero— serán observadas con extrema atención.
Una desinflación creíble es la condición previa para cualquier relajación monetaria duradera. En este contexto, la hipótesis de un cambio en el objetivo de inflación de la FED en 2026 representa un potencial game changer. Esta posibilidad ha sido señalada por el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent. Abandonar un objetivo rígido del 2 % en favor de una banda más amplia (por ejemplo, 1,5 %–2,5 %) permitiría mayor flexibilidad monetaria, siempre que la credibilidad de la FED se preserve mediante un retorno previo de la inflación al 2 %.
Este debate podría modificar profundamente la interpretación de los tipos reales y de las valoraciones bursátiles. Cabe recordar que algunos grandes bancos centrales ya operan con rangos de inflación.
Para preservar la tendencia de fondo del mercado bursátil estadounidense, es necesario que la inflación confirme su trayectoria hacia el 2 %, como sugieren los indicadores de inflación en tiempo real, en particular la versión del PCE propuesta por Truflation.

Mercado laboral: el segundo pilar
El mercado laboral estadounidense constituye el segundo pilar fundamental. La tasa de desempleo y las creaciones de empleo se analizarán a través del informe NFP y de la regla de Sahm, utilizada a menudo como indicador adelantado de recesión.
Una desaceleración demasiado brusca del empleo pondría en duda el escenario de aterrizaje suave y reavivaría los temores de contracción económica, afectando tanto a los beneficios empresariales como a la confianza de los inversores. Conviene recordar que la tasa de desempleo de EE. UU. ya se sitúa por encima del objetivo implícito de la FED para 2026, por lo que el informe NFP del viernes 9 de enero resulta especialmente decisivo.

Política monetaria: el tercer pilar
La tercera gran cuestión se refiere a la política monetaria de la FED en la primera parte de 2026, especialmente en lo relativo al tipo de interés de los fondos federales.
Los mercados se preguntan si podría producirse una primera bajada de tipos ya en el primer trimestre de 2026. La reunión del 28 de enero será una primera referencia clave, aunque es poco probable que se produzca una bajada en esa fecha. Las expectativas evolucionarán significativamente en función del informe NFP del 9 de enero y de los datos de inflación IPC (13 de enero) y PCE (29 de enero).
Beneficios: el núcleo del razonamiento bursátil
El crecimiento de los beneficios es el corazón del análisis bursátil para 2026. La temporada de resultados del cuarto trimestre de 2025, entre mediados de enero y mediados de febrero, será crucial para confirmar o desmentir un consenso muy optimista.
Las expectativas de crecimiento de ingresos y beneficios por acción siguen siendo elevadas en la mayoría de los sectores, con un papel central de la tecnología y la inteligencia artificial. No obstante, estas perspectivas deben justificar valoraciones históricamente exigentes. Cualquier decepción en los resultados o en las guías podría desencadenar una fase de toma de beneficios de alrededor del 10 % en el S&P 500.

Liquidez: un factor decisivo
Paralelamente, la cuestión de la liquidez vuelve al centro del debate. La evolución del balance de la FED, la liquidez neta en EE. UU. y la posible transición de un “QE técnico” a un QE clásico constituyen factores clave para los activos de riesgo.
Los mercados siguen siendo extremadamente sensibles a cualquier cambio en la política de liquidez global. La FED puso fin a su QT el 1 de diciembre y desde entonces ha iniciado un programa de compra de bonos a corto plazo (QE técnico). Sin embargo, sería un QE clásico el que realmente permitiría aliviar la presión de unos tipos largos demasiado elevados.
La evolución del balance de la FED y de la liquidez neta estadounidense tendrá un impacto significativo en el mercado bursátil de EE. UU. durante la primera parte del año.

Conclusión
Por último, se suman varios factores de riesgo transversales: el contexto geopolítico, especialmente relevante en enero de 2026; la situación técnica del sector tecnológico estadounidense; la resiliencia del S&P 500 pese a la ausencia de una corrección significativa; y el comportamiento de los tipos de interés, en particular los tipos largos de EE. UU. y Japón, cuya estabilidad sigue dependiendo en gran medida de la actuación de los bancos centrales.
En resumen, el inicio de 2026 se perfila como un momento clave en el que inflación, política monetaria, beneficios, liquidez y geopolítica deberán alinearse para prolongar la dinámica alcista de los mercados. Enero podría marcar el tono del primer trimestre, entre un escenario de toma de beneficios del S&P 500 hacia el soporte de los 6.200 puntos (media móvil de 200 días) o la continuación de la inercia alcista de los últimos meses.

DESCARGO DE RESPONSABILIDAD:
Este contenido está dirigido a personas familiarizadas con los mercados e instrumentos financieros y tiene únicamente fines informativos. La idea presentada (incluyendo comentarios de mercado, datos de mercado y observaciones) no es un producto de trabajo de ningún departamento de investigación de Swissquote o sus afiliados. Este material pretende destacar la acción del mercado y no constituye asesoramiento de inversión, legal o fiscal. Si usted es un inversor minorista o carece de experiencia en la negociación de productos financieros complejos, es aconsejable buscar asesoramiento profesional de un asesor autorizado antes de tomar cualquier decisión financiera.
Este contenido no pretende manipular el mercado ni fomentar ningún comportamiento financiero específico.
Swissquote no representa ni garantiza la calidad, integridad, exactitud, exhaustividad o ausencia de infracción de dicho contenido. Las opiniones expresadas son las del consultor y se proporcionan únicamente con fines educativos. Cualquier información proporcionada en relación con un producto o mercado no debe interpretarse como recomendación de una estrategia o transacción de inversión. Rentabilidades pasadas no garantizan resultados futuros.
Swissquote y sus empleados y representantes no serán responsables en ningún caso de los daños o pérdidas derivados directa o indirectamente de decisiones tomadas sobre la base de este contenido.
El uso de marcas o marcas registradas de terceros es meramente informativo y no implica la aprobación por parte de Swissquote, o que el propietario de la marca haya autorizado a Swissquote a promocionar sus productos o servicios.
Swissquote es la marca comercial para las actividades de Swissquote Bank Ltd (Suiza) regulada por la FINMA, Swissquote Capital Markets Limited regulada por la CySEC (Chipre), Swissquote Bank Europe SA (Luxemburgo) regulada por la CSSF, Swissquote Ltd (Reino Unido) regulada por la FCA, Swissquote Financial Services (Malta) Ltd regulada por la Autoridad de Servicios Financieros de Malta, Swissquote MEA Ltd. (EAU) regulada por la Autoridad de Servicios Financieros de Dubai, Swissquote MEA Ltd. (EAU) regulada por la Autoridad de Servicios Financieros de Dubai. (EAU) regulada por la Autoridad de Servicios Financieros de Dubai, Swissquote Pte Ltd (Singapur) regulada por la Autoridad Monetaria de Singapur, Swissquote Asia Limited (Hong Kong) autorizada por la Comisión de Valores y Futuros de Hong Kong (SFC) y Swissquote South Africa (Pty) Ltd supervisada por la FSCA.
Los productos y servicios de Swissquote están destinados únicamente a las personas autorizadas a recibirlos en virtud de la legislación local.
Todas las inversiones conllevan cierto grado de riesgo. El riesgo de pérdida en la negociación o tenencia de instrumentos financieros puede ser sustancial. El valor de los instrumentos financieros, incluyendo pero no limitándose a acciones, bonos, criptodivisas y otros activos, puede fluctuar tanto al alza como a la baja. Existe un riesgo significativo de pérdida financiera al comprar, vender, mantener, apostar o invertir en estos instrumentos. SQBE no hace recomendaciones con respecto a ninguna inversión específica, transacción, o el uso de cualquier estrategia de inversión en particular.
Los CFD son instrumentos complejos y conllevan un alto riesgo de perder dinero rápidamente debido al apalancamiento. La gran mayoría de las cuentas de clientes minoristas sufren pérdidas de capital cuando operan con CFD. Debe considerar si entiende cómo funcionan los CFD y si puede permitirse asumir el alto riesgo de perder su dinero.
Los activos digitales no están regulados en la mayoría de los países y es posible que no se apliquen las normas de protección del consumidor. Como inversiones especulativas muy volátiles, los Activos Digitales no son adecuados para inversores sin una alta tolerancia al riesgo. Asegúrese de comprender cada Activo Digital antes de operar.
Las criptomonedas no se consideran moneda de curso legal en algunas jurisdicciones y están sujetas a incertidumbres regulatorias.
El uso de sistemas basados en Internet puede implicar riesgos elevados, incluidos, entre otros, el fraude, los ciberataques, los fallos de red y comunicación, así como el robo de identidad y los ataques de suplantación de identidad relacionados con los criptoactivos.
¿Continuará el S&P 500 con su inercia alcista o entrará en una fase de toma de beneficios en enero? La respuesta dependerá de varios factores fundamentales clave, para los cuales comenzarán a surgir respuestas a lo largo del mes de enero.
Las preguntas fundamentales clave:
• ¿Está realmente controlada la inflación en EE. UU.?
(IPC el 13 de enero y PCE el 29 de enero)
• Game changer: ¿Modificará la FED su objetivo de inflación en 2026?
• ¿Está fuera de control el desempleo en EE. UU.?
(Informe NFP el viernes 9 de enero)
• ¿Bajará la FED los tipos en el primer trimestre?
(FED el 28 de enero)
• ¿Se cumplirá el crecimiento de los beneficios?
• ¿Quién será el nuevo Shadow FED Chair?
• ¿El QE técnico se transformará en un QE clásico?
El inicio bursátil de enero de 2026 se produce en un entorno cargado de interrogantes fundamentales. Tras varios años marcados por una inflación muy superior al objetivo del 2 % de la FED, una política monetaria muy restrictiva y una fuerte concentración del rendimiento bursátil en las megacapitalizaciones tecnológicas, estos desequilibrios deben corregirse para evitar una corrección significativa del mercado en la primera mitad de 2026.
Inflación: el primer pilar
El principal desafío sigue siendo la inflación estadounidense. La cuestión ya no es solo si la inflación se desacelera, sino si está controlada de forma sostenible y realmente cerca del objetivo de la FED. Las publicaciones de enero —IPC el 13 de enero y PCE el 29 de enero— serán observadas con extrema atención.
Una desinflación creíble es la condición previa para cualquier relajación monetaria duradera. En este contexto, la hipótesis de un cambio en el objetivo de inflación de la FED en 2026 representa un potencial game changer. Esta posibilidad ha sido señalada por el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent. Abandonar un objetivo rígido del 2 % en favor de una banda más amplia (por ejemplo, 1,5 %–2,5 %) permitiría mayor flexibilidad monetaria, siempre que la credibilidad de la FED se preserve mediante un retorno previo de la inflación al 2 %.
Este debate podría modificar profundamente la interpretación de los tipos reales y de las valoraciones bursátiles. Cabe recordar que algunos grandes bancos centrales ya operan con rangos de inflación.
Para preservar la tendencia de fondo del mercado bursátil estadounidense, es necesario que la inflación confirme su trayectoria hacia el 2 %, como sugieren los indicadores de inflación en tiempo real, en particular la versión del PCE propuesta por Truflation.
Mercado laboral: el segundo pilar
El mercado laboral estadounidense constituye el segundo pilar fundamental. La tasa de desempleo y las creaciones de empleo se analizarán a través del informe NFP y de la regla de Sahm, utilizada a menudo como indicador adelantado de recesión.
Una desaceleración demasiado brusca del empleo pondría en duda el escenario de aterrizaje suave y reavivaría los temores de contracción económica, afectando tanto a los beneficios empresariales como a la confianza de los inversores. Conviene recordar que la tasa de desempleo de EE. UU. ya se sitúa por encima del objetivo implícito de la FED para 2026, por lo que el informe NFP del viernes 9 de enero resulta especialmente decisivo.
Política monetaria: el tercer pilar
La tercera gran cuestión se refiere a la política monetaria de la FED en la primera parte de 2026, especialmente en lo relativo al tipo de interés de los fondos federales.
Los mercados se preguntan si podría producirse una primera bajada de tipos ya en el primer trimestre de 2026. La reunión del 28 de enero será una primera referencia clave, aunque es poco probable que se produzca una bajada en esa fecha. Las expectativas evolucionarán significativamente en función del informe NFP del 9 de enero y de los datos de inflación IPC (13 de enero) y PCE (29 de enero).
Beneficios: el núcleo del razonamiento bursátil
El crecimiento de los beneficios es el corazón del análisis bursátil para 2026. La temporada de resultados del cuarto trimestre de 2025, entre mediados de enero y mediados de febrero, será crucial para confirmar o desmentir un consenso muy optimista.
Las expectativas de crecimiento de ingresos y beneficios por acción siguen siendo elevadas en la mayoría de los sectores, con un papel central de la tecnología y la inteligencia artificial. No obstante, estas perspectivas deben justificar valoraciones históricamente exigentes. Cualquier decepción en los resultados o en las guías podría desencadenar una fase de toma de beneficios de alrededor del 10 % en el S&P 500.
Liquidez: un factor decisivo
Paralelamente, la cuestión de la liquidez vuelve al centro del debate. La evolución del balance de la FED, la liquidez neta en EE. UU. y la posible transición de un “QE técnico” a un QE clásico constituyen factores clave para los activos de riesgo.
Los mercados siguen siendo extremadamente sensibles a cualquier cambio en la política de liquidez global. La FED puso fin a su QT el 1 de diciembre y desde entonces ha iniciado un programa de compra de bonos a corto plazo (QE técnico). Sin embargo, sería un QE clásico el que realmente permitiría aliviar la presión de unos tipos largos demasiado elevados.
La evolución del balance de la FED y de la liquidez neta estadounidense tendrá un impacto significativo en el mercado bursátil de EE. UU. durante la primera parte del año.
Conclusión
Por último, se suman varios factores de riesgo transversales: el contexto geopolítico, especialmente relevante en enero de 2026; la situación técnica del sector tecnológico estadounidense; la resiliencia del S&P 500 pese a la ausencia de una corrección significativa; y el comportamiento de los tipos de interés, en particular los tipos largos de EE. UU. y Japón, cuya estabilidad sigue dependiendo en gran medida de la actuación de los bancos centrales.
En resumen, el inicio de 2026 se perfila como un momento clave en el que inflación, política monetaria, beneficios, liquidez y geopolítica deberán alinearse para prolongar la dinámica alcista de los mercados. Enero podría marcar el tono del primer trimestre, entre un escenario de toma de beneficios del S&P 500 hacia el soporte de los 6.200 puntos (media móvil de 200 días) o la continuación de la inercia alcista de los últimos meses.
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