¿Es la apuesta defensiva de Boeing el nuevo arsenal de EE.UU.?El reciente repunte bursátil de Boeing proviene de un giro estratégico fundamental hacia los contratos de defensa, impulsado por el aumento de las tensiones de seguridad globales. La empresa ha logrado grandes victorias, incluido el contrato del caza F-47 Next Generation Air Dominance (NGAD) por más de 20 000 millones de dólares y un acuerdo de 4700 millones para suministrar helicópteros AH-64E Apache a Polonia, Egipto y Kuwait. Estos contratos sitúan a Boeing en el centro de los esfuerzos de modernización militar de EE.UU. destinados a contrarrestar la rápida expansión china de cazas furtivos como el J-20, que ya iguala las tasas de producción de aviones estadounidenses de quinta generación.
El programa F-47 representa la redención de Boeing tras perder hace dos décadas la competencia del Joint Strike Fighter. A través de su división Phantom Works, Boeing desarrolló y probó en vuelo prototipos a escala real en secreto, validando diseños mediante métodos de ingeniería digital que aceleraron drásticamente los plazos. La aeronave cuenta con tecnología furtiva de banda ancha avanzada y actuará como nodo de mando que controlará drones autónomos en combate, cambiando fundamentalmente la doctrina de guerra aérea. Mientras tanto, el helicóptero Apache modernizado ha recuperado relevancia en la estrategia de defensa del flanco oriental de la OTAN y en operaciones antidrones, asegurando líneas de producción hasta 2032.
Sin embargo, persisten riesgos de ejecución. El programa del avión cisterna KC-46 sigue enfrentando problemas técnicos con su Remote Vision System, ahora retrasado hasta 2027. Los motores de ciclo variable avanzados del F-47 llevan dos años de retraso por restricciones en la cadena de suministro. El espionaje industrial, incluidos casos de venta de secretos a China, amenaza las ventajas tecnológicas. A pesar de estos desafíos, la cartera de defensa de Boeing proporciona flujos de ingresos anticíclicos que protegen contra la volatilidad de la aviación comercial, creando estabilidad financiera a largo plazo mientras el rearme global entra en lo que los analistas describen como un “superciclo” sostenido impulsado por la competencia entre grandes potencias.
