Hace apenas unas horas, el mercado ha recibido uno de esos titulares que cambian de golpe el mapa del riesgo. Irán ha vuelto a restringir el paso por el estrecho de Ormuz después de la reapertura temporal anunciada el viernes, y la tensión no se ha quedado en una simple amenaza política, sino que ha pasado al terreno operativo, con buques mercantes reportando disparos mientras intentaban cruzar. Lo confirmado por Reuters es que al menos dos embarcaciones fueron alcanzadas por fuego real, mientras que India ya ha expresado formalmente su “profunda preocupación” por el ataque a dos barcos con su bandera. Es decir, no estamos ante un ruido diplomático más, sino ante un episodio que vuelve a poner en cuestión la seguridad de la ruta energética más sensible del planeta.
Y eso importa mucho porque Ormuz no es un paso cualquiera. Por esa franja marítima circulaba hasta hace poco en torno a una quinta parte del comercio mundial de petróleo, de modo que cada cierre, cada restricción y cada incidente con buques se traduce casi automáticamente en prima geopolítica para la energía, en nerviosismo para las bolsas y en rotación hacia refugios. El viernes vimos justo el movimiento contrario cuando Irán dijo que reabría el estrecho, el petróleo se desplomó alrededor de un 9 por ciento en Brent y de más de un 11 por ciento en
USOIL , el dólar cedió terreno y el euro ganó fuerza. Si ahora el mercado llega al lunes con la sensación de que aquella descompresión fue efímera, el ajuste lógico es el inverso.
De cara a la apertura de Tokio del lunes, el foco estará en Japón, porque es una de las economías desarrolladas más expuestas a cualquier perturbación en Oriente Medio. Reuters recuerda que Japón depende de esa región para alrededor del 95 por ciento de sus importaciones de petróleo y que cerca del 70 por ciento de ese crudo llega a través de Ormuz. Por eso, si no aparece una señal clara de desescalada antes de que abra Asia, lo más probable es una apertura defensiva, con presión sobre aerolíneas, transporte, importadores intensivos en energía y, en general, sobre el sentimiento de riesgo del Nikkei. Japón tiene reservas estratégicas amplias, sí, pero el mercado no suele esperar a que falte el suministro para descontar el problema, le basta con volver a percibir vulnerabilidad.
En activos, el petróleo es el termómetro más inmediato y el candidato más evidente a abrir con hueco alcista. El oro también debería atraer flujo, no solo por el componente refugio clásico, sino porque el viernes ya vimos que seguía muy sensible a la combinación de dólar y geopolítica. La
SILVER puede acompañar, aunque normalmente lo hace con un comportamiento algo menos limpio porque mezcla refugio con componente industrial. En divisas, mi sesgo para el 
EURUSD sería bajista a corto plazo si el miedo domina la apertura asiática, porque ayer la reapertura de Ormuz debilitó al dólar y fortaleció al euro, así que una recaída en el conflicto tendería a favorecer de nuevo al billete verde y a presionar al par a la baja.
Mi lectura breve es esta; el lunes no abrirá solo Tokio, abrirá otra vez la prima de guerra en energía. Y cuando esa prima reaparece en Ormuz, el mercado suele hablar un idioma muy claro, petróleo arriba, refugios arriba, dólar más firme y renta variable asiática bajo presión.
Y eso importa mucho porque Ormuz no es un paso cualquiera. Por esa franja marítima circulaba hasta hace poco en torno a una quinta parte del comercio mundial de petróleo, de modo que cada cierre, cada restricción y cada incidente con buques se traduce casi automáticamente en prima geopolítica para la energía, en nerviosismo para las bolsas y en rotación hacia refugios. El viernes vimos justo el movimiento contrario cuando Irán dijo que reabría el estrecho, el petróleo se desplomó alrededor de un 9 por ciento en Brent y de más de un 11 por ciento en
De cara a la apertura de Tokio del lunes, el foco estará en Japón, porque es una de las economías desarrolladas más expuestas a cualquier perturbación en Oriente Medio. Reuters recuerda que Japón depende de esa región para alrededor del 95 por ciento de sus importaciones de petróleo y que cerca del 70 por ciento de ese crudo llega a través de Ormuz. Por eso, si no aparece una señal clara de desescalada antes de que abra Asia, lo más probable es una apertura defensiva, con presión sobre aerolíneas, transporte, importadores intensivos en energía y, en general, sobre el sentimiento de riesgo del Nikkei. Japón tiene reservas estratégicas amplias, sí, pero el mercado no suele esperar a que falte el suministro para descontar el problema, le basta con volver a percibir vulnerabilidad.
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