¿Wall Street ha olvidado cómo entrar en pánico?

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Hoy me he encontrado con un gráfico que, cuanto más lo miraba, más raro me parecía. No porque Wall Street esté subiendo, eso ya no sorprende demasiado, sino porque en 2026 está ocurriendo algo bastante más extraño. Prácticamente nadie está consiguiendo que todo el mercado venda a la vez.

Hasta ahora no hemos tenido ni una sola jornada en la que más del 80% del volumen negociado en la Bolsa de Nueva York ( NYSE100N ) haya correspondido a acciones que estaban cayendo. Dicho así puede parecer otro indicador técnico inventado para que los traders podamos añadir una línea más al gráfico y sentirnos importantes, pero en realidad mide algo bastante sencillo. Son los días en los que el miedo se extiende prácticamente por todo el mercado.

Y este año, de momento, esos días simplemente no existen.

La comparación histórica es bastante llamativa. Durante la crisis financiera de 2008 hubo 49 jornadas en las que al menos el 80% del volumen de la NYSE procedía de valores bajistas. En el mercado bajista de 2022 hubo 33. Incluso en 2025, un año mucho más tranquilo, se registraron nueve.

La media desde 1997 ronda las 21 jornadas anuales y, según la serie del gráfico, ningún año completo había terminado con menos de cinco. En 2026 llevamos cero.

Naturalmente, estamos en agosto y quedan más de cuatro meses para terminar el año, así que todavía sería bastante aventurado preparar la placa conmemorativa. Pero el dato resulta especialmente interesante porque coincide con un mercado que continúa moviéndose cerca de máximos históricos. El SPX ha vuelto a marcar récords este verano y acumula aproximadamente un 14% de subida en lo que llevamos de 2026.

Lo interesante, por tanto, no es que la bolsa no haya tenido días malos. Los ha tenido. Tampoco significa que todas las acciones estén subiendo permanentemente. Algunos sectores han sufrido correcciones importantes durante el año y determinadas compañías han llegado a registrar caídas bastante serias.

La diferencia está en otra parte. Los problemas están apareciendo de forma localizada sin convertirse en ventas indiscriminadas.

Cuando una parte del mercado cae, sigue apareciendo dinero dispuesto a comprar otra. Puede sufrir la tecnología mientras sube energía. Puede corregir la inteligencia artificial mientras aguanta el sector financiero. Puede aparecer una mala noticia económica y, antes de que uno termine de leerla, el mercado ya está calculando si eso significa que la Reserva Federal tendrá más motivos para bajar los tipos.

Wall Street parece haberse convertido en ese amigo insoportablemente optimista que encuentra algo positivo incluso cuando se le estropea el coche. Por lo menos hoy no tengo que pagar gasolina. Y eso es una señal de fortaleza.

Los indicadores de amplitud precisamente intentan descubrir si un movimiento de los índices está respaldado por muchas acciones o solamente por unas pocas compañías gigantes. Cuando el volumen acompaña ampliamente las subidas, la tendencia suele considerarse más saludable. Cuando los índices suben mientras la mayoría de valores se deterioran, la imagen comienza a resultar bastante menos tranquilizadora.

Que no existan jornadas de capitulación no significa que el riesgo haya desaparecido. Puede significar que el mercado es extraordinariamente resistente, pero también que todavía no hemos vivido ese momento en el que los inversores deciden vender primero y preguntar después.

La volatilidad permanece contenida mientras el mercado se mueve cerca de máximos históricos. Al mismo tiempo seguimos teniendo tipos de interés elevados, valoraciones exigentes, tensiones geopolíticas y dudas sobre si todas las enormes inversiones relacionadas con la inteligencia artificial acabarán generando los beneficios que actualmente descuenta el mercado. Y, aun así, los inversores se niegan a entrar colectivamente en pánico.

Eso puede ser tremendamente alcista. Un mercado en el que cualquier corrección encuentra compradores antes de convertirse en estampida es exactamente el tipo de mercado contra el que resulta extremadamente caro apostar.

Pero tampoco olvidemos algo. La ausencia de miedo no elimina los riesgos. Simplemente significa que nadie está pagando todavía por ellos.

Quizá 2026 termine demostrando que Wall Street se ha vuelto más resistente que nunca. O quizá este gráfico esté registrando algo todavía más interesante. Cuánto tiempo puede pasar un mercado sin recordar lo que se siente cuando todos buscan la puerta de salida al mismo tiempo.

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