Cada vez que Bitcoin experimenta una corrección importante, el mercado busca un culpable. Un dato de inflación, una decisión de la Reserva Federal, un conflicto geopolítico o, más recientemente, una subida de tasas del Banco de Japón. Sin embargo, en los mercados financieros rara vez existe una única causa que explique un movimiento de esta magnitud.
Es cierto que las decisiones del Banco de Japón tienen implicaciones globales. Durante décadas, Japón fue una de las principales fuentes de liquidez barata del mundo. Con tasas cercanas a cero, inversionistas de todo el planeta financiaban operaciones en yenes para invertir en activos con mayores retornos, una estrategia conocida como carry trade. Cuando el Banco de Japón comenzó a normalizar su política monetaria, ese financiamiento dejó de ser tan atractivo y parte de esas posiciones empezaron a desmontarse.
El mecanismo es relativamente sencillo: menos liquidez y un costo de financiamiento más alto reducen el apetito por los activos de riesgo. En ese escenario, acciones tecnológicas, mercados emergentes y también Bitcoin pueden experimentar presiones bajistas. Desde ese punto de vista, sí existe una relación entre las decisiones del Banco de Japón y el comportamiento de Bitcoin.
Pero confundir relación con causalidad sería un error.
A mi juicio, el desarme del carry trade explica únicamente una parte del contexto financiero. La corrección de Bitcoin está mucho más asociada a su propio ciclo bursátil que a la política monetaria japonesa.
Bitcoin ha demostrado, durante más de una década, que responde a ciclos relativamente definidos. Alterna fases de expansión muy aceleradas con procesos correctivos que pueden extenderse durante varios meses. Desde mi perspectiva, todavía nos encontramos dentro de ese proceso correctivo, el cual podría encontrar su fase final entre septiembre y octubre del presente año, siguiendo el comportamiento histórico que ha mostrado este mercado en ciclos anteriores.
Además, la caída que realmente cambió el comportamiento de los mercados no comenzó con el episodio del carry trade en agosto de 2024. Ese evento generó volatilidad y evidenció la importancia de la liquidez japonesa, pero el deterioro más relevante para los activos de riesgo apareció a partir de octubre de 2025, cuando los mercados accionarios comenzaron a corregir impulsados por la incertidumbre en torno a la política comercial, el incremento de los riesgos geopolíticos y económicos y una Reserva Federal que, bajo el liderazgo de Jerome Powell, mantenía un discurso prudente frente a los recortes de tasas de interés.
Hay otro argumento que refuerza esta lectura.
Desde marzo de este año, las bolsas estadounidenses protagonizaron un rally importante. Las grandes compañías tecnológicas volvieron a liderar las ganancias y los principales índices recuperaron fuerza. Si la liquidez hubiera sido el único factor determinante, Bitcoin habría acompañado ese movimiento con una intensidad similar.
No ocurrió así.
Mientras la renta variable recuperaba terreno, Bitcoin permaneció considerablemente más rezagado. Esa divergencia sugiere que el comportamiento del activo está mucho más correlacionado con los ciclos con los que históricamente se mueve Bitcoin que con un único evento de política monetaria.
Por eso considero que el Banco de Japón puede actuar como un catalizador o acelerador de los movimientos del mercado, pero no como la explicación principal de la tendencia. La liquidez influye, sin duda, pero los ciclos siguen siendo el factor dominante para entender el comportamiento de Bitcoin.
Esta diferencia no es menor. Quien interpreta cada movimiento del mercado únicamente a partir de las noticias corre el riesgo de perder de vista la estructura de fondo. En cambio, quien entiende los ciclos puede comprender por qué, incluso con un entorno favorable para las bolsas, Bitcoin puede seguir transitando una fase correctiva.
En los mercados financieros, las noticias explican el corto plazo. Los ciclos, en cambio, suelen explicar las grandes tendencias.
Es cierto que las decisiones del Banco de Japón tienen implicaciones globales. Durante décadas, Japón fue una de las principales fuentes de liquidez barata del mundo. Con tasas cercanas a cero, inversionistas de todo el planeta financiaban operaciones en yenes para invertir en activos con mayores retornos, una estrategia conocida como carry trade. Cuando el Banco de Japón comenzó a normalizar su política monetaria, ese financiamiento dejó de ser tan atractivo y parte de esas posiciones empezaron a desmontarse.
El mecanismo es relativamente sencillo: menos liquidez y un costo de financiamiento más alto reducen el apetito por los activos de riesgo. En ese escenario, acciones tecnológicas, mercados emergentes y también Bitcoin pueden experimentar presiones bajistas. Desde ese punto de vista, sí existe una relación entre las decisiones del Banco de Japón y el comportamiento de Bitcoin.
Pero confundir relación con causalidad sería un error.
A mi juicio, el desarme del carry trade explica únicamente una parte del contexto financiero. La corrección de Bitcoin está mucho más asociada a su propio ciclo bursátil que a la política monetaria japonesa.
Bitcoin ha demostrado, durante más de una década, que responde a ciclos relativamente definidos. Alterna fases de expansión muy aceleradas con procesos correctivos que pueden extenderse durante varios meses. Desde mi perspectiva, todavía nos encontramos dentro de ese proceso correctivo, el cual podría encontrar su fase final entre septiembre y octubre del presente año, siguiendo el comportamiento histórico que ha mostrado este mercado en ciclos anteriores.
Además, la caída que realmente cambió el comportamiento de los mercados no comenzó con el episodio del carry trade en agosto de 2024. Ese evento generó volatilidad y evidenció la importancia de la liquidez japonesa, pero el deterioro más relevante para los activos de riesgo apareció a partir de octubre de 2025, cuando los mercados accionarios comenzaron a corregir impulsados por la incertidumbre en torno a la política comercial, el incremento de los riesgos geopolíticos y económicos y una Reserva Federal que, bajo el liderazgo de Jerome Powell, mantenía un discurso prudente frente a los recortes de tasas de interés.
Hay otro argumento que refuerza esta lectura.
Desde marzo de este año, las bolsas estadounidenses protagonizaron un rally importante. Las grandes compañías tecnológicas volvieron a liderar las ganancias y los principales índices recuperaron fuerza. Si la liquidez hubiera sido el único factor determinante, Bitcoin habría acompañado ese movimiento con una intensidad similar.
No ocurrió así.
Mientras la renta variable recuperaba terreno, Bitcoin permaneció considerablemente más rezagado. Esa divergencia sugiere que el comportamiento del activo está mucho más correlacionado con los ciclos con los que históricamente se mueve Bitcoin que con un único evento de política monetaria.
Por eso considero que el Banco de Japón puede actuar como un catalizador o acelerador de los movimientos del mercado, pero no como la explicación principal de la tendencia. La liquidez influye, sin duda, pero los ciclos siguen siendo el factor dominante para entender el comportamiento de Bitcoin.
Esta diferencia no es menor. Quien interpreta cada movimiento del mercado únicamente a partir de las noticias corre el riesgo de perder de vista la estructura de fondo. En cambio, quien entiende los ciclos puede comprender por qué, incluso con un entorno favorable para las bolsas, Bitcoin puede seguir transitando una fase correctiva.
En los mercados financieros, las noticias explican el corto plazo. Los ciclos, en cambio, suelen explicar las grandes tendencias.
The Blueberry Team
Exención de responsabilidad
La información y las publicaciones no constituyen, ni deben considerarse como, asesoramiento o recomendaciones financieras, de inversión, de trading u otro tipo, proporcionadas o respaldadas por TradingView. Obtenga más información en Condiciones de uso.
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